martes, 27 de diciembre de 2011

OPÍNIÓN: Se necesita un líder político urgentemente...


“Venga, únase, vamos a lograr lo imposible, tenemos el poder y tenemos la fuerza”

Escribe: Rudy Rojas Hurtado

El líder infunde confianza, fe, esperanza, solidez; el seguidor sabe que tal vez no esté de acuerdo con su líder, pero lo sigue porque cree en él, confía en él; piensa para sus adentros: “No estoy de acuerdo contigo, pero creo en ti, creo en tu sueño y creo en lo que estás proponiendo”.

En Taiwán, un líder exiliado, Chang Kai-Shek, era expulsado por Mao Tsē-Tung a una isla de pescadores, una pequeña comunidad que hoy tiene un nivel de vida 30 veces superior al de un chino continental. ¿Cuál fue el sueño de ese hombre? La libertad. Creyó en su gente y confió en su sueño. 

Cuando tuve la oportunidad de estar en Israel, recuerdo que les decía a mis amigos judíos: “Qué maravilla es Israel, qué bonita y verde está la tierra que les concedió Dios”. Me contestaron: “Si hubieras visto cómo nos la entregó, tuvimos que invertir muchísimo dinero y esfuerzo para que esté como la ves ahora; es el producto de un sueño, un sueño que mantuvieron vivo nuestros líderes”. Efectivamente, son los sueños del líder los que nos dicen que haremos lo imposible, uniéndonos lo vamos a lograr. 

El líder nos hace sentir que tenemos la fortuna en la mano, que en nosotros está el poder y la potencialidad para lograrlo, ahí está la magia que ejerce el líder. 

Estos líderes inspiran una confianza excepcional en llegar a sus metas aparentemente imposibles, su gente está preparada para que en cualquier momento pueda suceder lo inesperado, y este riesgo los une aún más, comparten el mismo espíritu y saben que son los protagonistas del cambio, no simples espectadores. Están convencidos de que el futuro no lo pueden predecir pero sí lo pueden inventar; además tienen la virtud de ver lo invisible, lo que todavía no existe, pero para ellos es algo palpable y real en su imaginación. 

La confianza se basa en la congruencia del líder, de su autenticidad al nunca manipular, muestra siempre en forma transparente qué es lo que está tratando de lograr, nunca engaña y está consciente que la mentira es el arma mortal de su liderazgo.

La confianza es el cemento emocional entre líder y seguidor, es cuando estos últimos pueden decir con toda convicción “creo en mi líder”. 

El líder manifiesta su confianza, en primer lugar, preparando a su gente, invierte en ellos; en segundo lugar se arriesga, los apoya en sus proyectos; y en tercer lugar los deja hacer, delega autoridad y es tolerante cuando se equivocan; es más, se asegura que cometan un buen número de errores para que puedan aprender. Sabe que la grandeza de su obra depende de sus seguidores, la visión es de él, la misión es de sus colaboradores; por lo tanto, dedica la mayor parte de su tiempo en formar misioneros, discípulos de su filosofía convencidos de que a través de ellos el sueño se convierte en realidad. 

Para el desarrollo de la potencialidad que cada uno de nosotros posee se hace indispensable, en primer lugar, creer en nosotros mismos. El líder, por supuesto, es el primero en vivir de acuerdo a esta convicción, y sabe que si desea tener colaboradores extraordinarios lo primero que tiene que hacer es despertar en cada uno de ellos la fe en sí mismos, y está consciente que el vehículo ideal para lograrlo es la confianza, pues solamente confiamos cuando creemos. 

Se une como un integrante más de su propio equipo, pues el sueño ya les pertenece a todos, y hace sentir a cada uno de sus colaboradores como indispensables, como la parte esencial para que el proyecto se convierta en realidad, y ellos a su vez identifican al líder como el factor decisivo para alcanzar lo imposible.

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