Al parecer, el rey de la tribu de los “antropófagos” políticos está de vuelta. Un cada vez más exasperado Alan García amenazó ayer al actual gobierno al afirmar que “están construyendo un adversario político” que durante un año y nueve meses había guardado “silencio” y “colaboración” con el gobierno nacionalista, evitando recurrir al “canibalismo político”. Además, entró en contradicciones respecto a los motivos que lo llevaron a liberar indiscriminadamente a delincuentes.
El expresidente convocó ayer a una conferencia de prensa en el Instituto de Gobierno de la Universidad San Martín, donde estuvo acompañado por sus cuatro exministros de Justicia implicados –y complicados– en la escandalosa cantidad de indultos y reducciones de penas decretados en la gestión aprista.
“Estamos ante un cargamontón de mentiras que lo único que busca es destruir a quien creen es un adversario político, y no se dan cuenta de que están construyendo un adversario político que ha guardado silencio de colaboración durante dos años, creyendo que por fin podríamos tener una política sin canibalismo”, dijo García antes de abandonar la sala, dejando solos a sus ‘cuatro fantásticos’ exministros: Rosario Fernández, Víctor García Toma, Aurelio Pastor y María Zavala.
Según el líder aprista, los extitulares de Justicia “cumplieron un importante trabajo frente al Ministerio de Justicia”, se presentaron ayer entre un mar de papeles, y con los ánimos revueltos por lo que ellos consideran un “ataque a su honra”.
El ‘plan mediático’ aprista tenía tres intenciones claras. Primero, instar a la prensa a plegarse a sus explicaciones. Segundo, petardear al gobierno con alusiones al “continuismo conyugal” que le quita el sueño a las ínfulas reeleccionistas de García. Y en tercer lugar, pero no menos importante, boicotear el trabajo de la Megacomisión.
La primera contradicción de García fue la más evidente. “Voy a participar solo unos momentos, porque me interesa que ellos, como altos funcionarios que conocen específicamente cada uno de los temas, demuestren la falsedad absoluta de lo que se ha venido diciendo”, afirmó, pese a que luego sus ‘cuatro fantásticos’ dirían que solo se limitaron a firmar “revisiones administrativas” de los casos, y no los expedientes completos.
Si ya resultaba extraño que García hubiera juntado a extitulares de Justicia para que expliquen lo que él decidió en última instancia, la excusa del expresidente de que las gracias presidenciales se otorgaron en virtud de un “plan de deshacinamiento de los penales” se caería a pedazos cuando sus exministros dijeron que “varios de los conmutados ya estaban en libertad” cuando se les otorgó la gracia.
“No se ha cometido ningún delito porque no se ha violado ninguna ley (…) Dentro de la política de deshacinamiento de los penales, que los ministros explicarán mejor que yo (...), se planteó hacer una política de concesión activa de gracias presidenciales”, dijo al respecto García.
A través de cifras vistas desde un ángulo “positivo”, García también quiso excusar sus gracias presidenciales afirmando que “hubo un bajo porcentaje de reincidentes”. Oficialmente hay 176 peligrosos delincuentes que volvieron a delinquir y no se sabe si los otros 5 mil 320 liberados continúan delinquiendo, pues en su mayoría (más de 4 800) habían sido sentenciados por robo agravado y tráfico ilícito de drogas.
Otra de sus estrategias fallidas fue apelar a un informe de la Defensoría del Pueblo de diciembre de 2012 –es decir, luego de su gobierno–, que según García “emplaza al gobierno a usar los indultos humanitarios y la política de gracias presidenciales para deshacinar los penales”. “Esto en el fondo da la razón a la política de gracias implementada en mi gobierno”, fue el remate de lo que parecía un chiste.
El expresidente aprista también reiteró que “ningún delito ni falta han sido cometidos”.
Poco antes de dar la espalda a las preguntas de la prensa sobre su acusación a sus exministros de Defensa por “corruptelas” en las 157 compras secretas militares, y haciendo gala del idioma francés que debió haber aprendido en su millonario asilo en París, dijo que todo el caso era un “brulote” (barco cargado de explosivos) “para distraer la opinión”.
“Muchos de los beneficiarios ya estaban en libertad”
La exministra de Justicia entre 2008 y 2009 ofició de presentadora y fue la primera en contradecir a Alan respecto a lo de la “política de deshacinamiento de penales”. “Quiero destacar el hecho de que muchas de las personas beneficiarias de reducciones de penas ya estaban en libertad, como el caso de aquellas que eran beneficiarias por mandato judicial (...) y esas personas, estando en libertad, postulan y acceden a la reducción de la pena”.
Fernández, asimismo, olvidó mencionar el caso de José Francisco Crousillat, el mismo que fue anulado por la farsa que representó. “Los indultos humanitarios en todos los casos fueron otorgados por razones médicas (...) todo eso es transparente y está en los expedientes”.
Por último, volvió a presentar las estadísticas leídas por Alan respecto a la “poca” reincidencia de los ‘agraciados’. Le hicimos recordar los cuadros oficiales publicados en diario16 que muestran a 1 646 conmutados por robo agravado y 3 249 por tráfico de drogas –en comparación a conmutados por otros delitos que pasan de las dos cifras–, lo que contradice las políticas de seguridad ciudadana y de lucha contra las drogas del Estado. Ella respondió ambiguamente: “Todos los ministros aquí presentes actuaron conforme a la ley”.







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