| La procrastinación puede generar incluso tristeza en las personas. (Internet) |
No hacer las cosas a su debido tiempo puede causarnos estrés, ansiedad y frustración. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.
MALA COSTUMBRE. “El problema empieza cuando llega el estrés, la angustia, la culpa, hasta la tristeza por no cumplir nuestros objetivos”, señala Lucy Ibáñez, psicoterapeuta cognitiva y directora del Instituto de Terapia Racional Emotiva.
Agrega que, debido al natural impulso humano de evitar lo incómodo, se eligen tareas triviales en reemplazo de las obligaciones importantes y urgentes. “Sabemos que no nos conviene, sabemos que lo mejor es hacer las cosas ahora, pero aun así seguimos procrastinando”, anota Ibáñez.
ENEMIGO INTERNO. ¿Qué hacer con este rival instalado en nosotros mismos? “La tarea pendiente no dejará de ser incómoda o difícil, pero nosotros podemos cambiar la situación si nos examinamos para saber qué anda mal. Es difícil reprogramarnos, pero es posible”, dice la especialista. Luego de este proceso, hay que ocuparse de lo siguiente:
Ser Positivo. La complejidad de una labor hace que uno se sienta incapaz de realizarla, pero no hay que dejarse vencer sin intentarlo. La confianza en uno mismo es vital.
Establecer metas y motivaciones. No perder de vista que las obligaciones forman parte del desarrollo personal. Es decir, si no estudias para el examen no pasarás el curso, si llegas tarde a la oficina perderás el empleo. ¿Quieres ser profesional? ¿Quieres dinero a fin de mes? Pelea por ello.
Disciplina. Organiza tu tiempo y oblígate a cumplir los cronogramas. Hacer las cosas con orden y anticipación se convertirá en un hábito.
NO TE ENGAÑES. El futuro parece un lugar cómodo para resolver todos los asuntos pendientes. Convéncete de que no es así. ¡Haz las cosas ya!







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