lunes, 14 de marzo de 2011

El remedio peor que la enfermedad en la región Lima



Nestor Roque Solis *



El populismo y embalse de proyectos no atendidos que se esta generando en la región Lima es peligroso, es como una fiebre Y si la fiebre es síntoma de enfermedad,  puede fácilmente poner en estado de coma al paciente regional que requiere por estos tiempos de cuidados intensivos para salir de su inoperancia en la gestión. Nadie duda del alcance psicológico de populismo que cultiva el Presidente del Gobierno Regional de Lima. La crisis de gobernabilidad es su detonante por la sede regional y por ofertas incumplidas que se vienen con rapidez con la población de la región. Guerra avisada no mata gente hermano Javier…

El populismo es sobre todo un fenómeno de transición, eruptivo y casi efímero de un caudillo, que se desarrolla en el seno de una crisis de la democracia representativa y de un statu quo político-social insostenible para las mayorías. Se trata de una señal de alarma, de una advertencia ruidosa y demagógica que se cultiva como solución en gobiernos y procesos electorales donde reina la corrupción y la oferta barata con la finalidad de ganar una elección regional o nacional.
El populismo no conduce necesariamente a un cambio sostenido de la estructura económica social, sino más bien es una efervescencia social con algún grado emocional que lo anima un acontecimiento político-electoral en un determinado espacio-histórico.
El populismo está siempre encarnado por un hombre providencial carismático. Es probablemente allí donde encuentra plenamente su lugar el análisis psicológico. Al ser la energía contagiosa, el carisma desempeña un rol antidepresivo. Porque es el juego de la seducción, del contacto directo y caluroso, lo que permite movilizar y organizar a un pueblo resignado, pero enfurecido por no haber resuelto sus problemas.
De estas circunstancias se aprovecha el populista para dirigirse demagógicamente a todo el pueblo, a todos aquellos que soportan en silencio las injusticias y la miseria. Hay en este llamado la invocación a las grandes acciones colectivas y a los valores compartidos. Allí reside su fuerza emocional y su componente racional que notamos con claridad en región Lima y con muchos candidatos a la Presidencia de la República y al Congreso Nacional.
Esquemáticamente, los movimientos de masas sintetizan dos modos psicológicos de control social: la fascinación y la seducción con palabras y comportamientos como calificaciones de hermano como bien lo hace Javier Alvarado en la región Lima alimentado su ego con doble discurso y mostrándose como el sabelotodo con el micro en mano en sus audiencias públicas.
Ya lo habíamos advertido en la campaña electoral que el candidato del toro no contaba con plan de gobierno, había una ausencia de un programa definido o de una doctrina ideológica acabada. Por tanto, no nos resulta sorprendente lo que vemos después de 70 días de gestión. El populismo y el doble discurso le traerá graves consecuencias en términos de gobernabilidad a los 800 mil habitantes que tiene la región Lima, del cual no solo es responsable Javier Alvarado, sino también muchos huachanos muy bien fogueados en estrategia política-electoral, pero escasos en estrategias de gestión pública y modernización del Estado.
El populista es un caudillo para dirigir a las masas con una ideología patriótica y/o totalizadora, y hacer imperar a la vez una disciplina férrea, en nombre del partido, de la raza o de un jefe mesiánico cuyo culto es la cima de la jerarquía formal. Estas doctrinas implican una teoría expansionista de sus ideas, y por añadidura trata de  mantener una posición hegemónica y sin oposición en su entorno.  Ellos no quieren militantes sino clientes y sirvientes. Mantienen una posición maquiavélica, el fin justica los medios, por eso despiden con facilidad a trabajadores y discapacitados. El populista busca más y más poder. Un populista nato es Javier Alvarado primero alcalde distrital, provincial y regional, luego soñar con la Presidencia de la República.
Los detractores del populismo basan sus críticas en un peligro mayor: la dictadura que han derivado muchos de ellos, de estos casos tenemos varios ejemplos en la región y en el país. El populismo está asociado a una situación de crisis de la sociedad y a la presencia de un síndrome de desencanto de los ciudadanos, y por otro lado con la crisis de la democracia representativa y el lento proceso de cultivar una democracia más popular y más directa en la sociedad civil organizada para la ejecución de grandes proyectos de inversión para cada uno de les ejes estratégicos del desarrollo en infraestructura vial para la integración regional, saneamiento, cadenas y redes en educación y salud y seguridad ciudadana.
En la página web del Gobierno Regional de Lima  hemos encontrado  mucha promoción a actividades que le compete a los alcaldes, como las escuelas deportivas, vendimias, show artísticos, cenas y almuerzos en comedores populares y vaso de leche, que siendo importantes, no son de competencia principal del gobierno regional: la región su función es promover inversión publica y privada para construir puertos marítimos y terrestres, desarrollo de cuencas y fortalecimiento institucional para modernizar el Estado con gestión del conocimiento y gobierno electrónico.

Nadie duda que muchas de estas actividades administrativas y de protocolo sean necesarias, que igual lo desarrollan las municipalidades provinciales y distritales. La gestión regional no puede estar metida a tiempo completo en estas actividades administrativas de promoción deportiva y social. Javier Alvarado y sus gerentes creen que están administrando la municipalidad provincial de Cañete  o Lunahuaná, todavía no han aprendido la lección de las competencias y funciones de un gobierno regional. Por eso reitero que el remedio del cambio de Javier Alvarado ha resultado peor que la enfermedad que tiene la región Lima.

Huacho: 13/03/11/
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