Por Susana Mendoza
![]() |
| Richard Hidalgo. Caricatura: Tito Piqué |
Lima, may. 09 (ANDINA). Estuvo en el Everest a 8 mil 400 m. 36 horas y sin oxigeno. Su historia ganó el concurso que convoca Interbank para mostrar los logros de peruanos que hacen realidad sus sueños.
¿La persona que elige ser montañista huye de algo?
No lo sé. Las motivaciones de cada uno son distintas. En mi caso…uhmmm… buscaba algo y lo encontré en el montañismo.
¿Qué encontró?
Me encontré conmigo mismo. En la ciudad uno no tiene tiempo de pensar en si mismo, hay mucho ruido.
¿Se siente un hombre maduro?
Recién, sobre todo para la toma de decisiones. En el montañismo uno no puede dudar. Una duda o error puede ser lo último que se cometa porque puede causar la muerte. Eso se traslada a la vida cotidiana. También me siento más seguro de mi mismo.
¿Se siente superior a otros hombres por arriesgar su vida?
No, para nada. Me siento más bien fuerte, con capacidad de tomar decisiones comprometidas. Tengo claro que mi vida depende más de asuntos externos, como las avalanchas, que de mis condiciones físicas y por eso disfruto la vida, porque es frágil.
¿Cómo la disfruta?
Cuando hago cumbre, por ejemplo, me siento feliz cuando retorno al Perú porque estoy con mi familia, mis amigos y recuerdo lo que pasé mientras escalaba la montaña, y me siento bacán de regresar a mi lugar.
¿En el amor sus decisiones son comprometidas?
…eso es más complicado… (Risas) Trato… je
¿Qué le enseña el montañismo?
Perseverancia, superación, motivación, esfuerzo, trabajo en equipo, trabajar bajo presión, tener control. Eso es importante porque a veces mientras ascendemos las montañas encontramos personas que fallecieron, pero no podemos detenernos, no podemos sentir pena, si no nos quebramos.
¿Después de esa experiencia, cualquier dolor es soportable?
He aprendido a soportar el dolor. He participado en muchos rescates, he visto mucha gente muerta, la de un amigo querido en la cordillera blanca, por ejemplo.
¿Cuál ha sido el mayor sacrificio que ha hecho por el montañismo?
A estas alturas, siento que no he hecho ningún sacrificio porque el montañismo me apasiona. Es más, he dejado muchos estudios: ingeniería industrial, militar. Mi vida dio un giro de 180 grados. Mis frejoles me los gano como guía internacional de montañas.
¿Y afectivamente no ha tenido sacrificios?
Quizás, como en todo. Obviamente no todo es perfecto, uno comete errores. Yo todavía me siento un niño.
¿Ha formado un hogar?
No, pero tengo un hijo de 11 años que vive con su mamá.
¿Le llama la atención no tener un hogar?
Como a toda persona, pero tampoco es que lo busque. Me gustaría, no lo niego, pero si no se da, no me preocupa.
¿Pero con la basta experiencia de montañista que tiene por qué ha ocurrido?
Creo que fortalecer el carácter, responder a las pruebas de la montaña, depender de uno mismo porque nadie te rescata, toda esa experiencia no es fácil trasladarla al campo del amor, no funciona (Risas)…
¿En dónde están las dificultades?
La gente no entiende lo que es el control de las emociones. Cuando llego a la cumbre, la mayoría de personas imagina que grito o salto de algarabía. Nada que ver. Me alegro, por supuesto, pero tomo mis fotos, llamo a mi familia por el teléfono satelital y le reporto mi llegada. Descender es lo complicado. Si uno se relaja, el cerebro interpreta que se acabó todo, pero hay que estar más alerta. Los accidentes ocurren en la bajada.
¿Usted ha llegado a dos cumbres, cual fue su primer pensamiento?
No tuve ninguno. En la primera, llegué cansado, con miedo porque tenía que bajar al campamento. Al año siguiente, fui solo, hice cumbre solo y bajé solo. Estuve cansado pero motivado, y se lo agradecí a Dios.
¿Cómo se prepara la expedición?
Soy exigente conmigo mismo. Entreno seis meses antes. Mi próxima expedición es en setiembre y ya ejecuto un plan de entrenamiento: voy al gimnasio, desarrollo un sistema de tratamiento, salgo a correr, mantengo una dieta. En los siguientes meses empezaré a salir a la sierra de Lima y Huaraz, y así combino las actividades.
¿Hacer el amor puede afectar su rendimiento?
¿Antes de salir de la expedición? Nooo ¡encantado! (Risas)… así voy trabajando mi corazón…Pero cuando ya estoy en el campamento base, no puedo hacer el amor porque se gastan las energías, y hay que cuidarlas.
¿Es individualista el montañista?
No, porque se trabaja en grupo, así no se quiera. Más bien hay mucho compañerismo y confraternidad.
¿Es un alma solitaria?
De repente si, me gusta ir solo, yo lo soy porque siento más confianza en mi entrenamiento. En ese sentido lo soy.
¿En el ascenso a la cumbre escucha música?
Si, todo tipo de música, rock, folclórica. Pero más me gusta U2.
¿Piensa o prefiere no hacerlo?
Así no lo quiera pienso porque no hay con quien hablar. A veces pueden pasarse los días sin conversar con alguien. Uno habla consigo mismo.
¿Tiene un pensamiento frecuente?
Depende, porque el ascenso a la cumbre tiene varias etapas. Cuando uno está en el proceso de adaptación a la altura, a veces aparecen momentos nostálgicos, emotivos. Piensas en tu familia, que no te pase nada porque la muerte está allí.
¿En quien piensa?
Pienso en mi hijo que ya tiene 11 años, en mi madre y hermanos.
¿Tiene pensamientos positivos?
Por la situación se tiene pensamientos suicidas. Por eso el proceso de aclimatación es importante y tiene que ser progresivo. Si no ocurre, la falta de oxigeno puede ser peligroso porque se desvaría o se tiene alucinaciones. Me ha ocurrido.
¿Qué cumbre en el ámbito personal le falta escalar?
Consolidar una familia, espero que se con el tiempo.
Tiene buenos pulmones ¿Resiste jornadas amatorias intensas?
(Risas)… después de los 8 mil m. en el Everest, nada me cansa, tengo resistencia…
Es buen amante…
Creo que sí.
¿Y un buen papá?
Espero que sí. Lo trato en la medida de lo posible. Intento estar al lado de mi hijo cuando él me necesita








No hay comentarios:
Publicar un comentario