La fiesta de la Virgen de Carmen es, desde inicios del siglo XX, un referente para la bohemia criolla de Lima. Este tradicional festejo no se inició en un templo, sino en una quinta, ganando cada año más adeptos.
De la noche a la mañana
cada 16 de julio
hay de jolgorio un diluvio
frente a la Carmelitana.
La Virgen de la jarana, ¡ayayay!
por que bailó marinera,
triunfante la montonera
con cajón y con guitarra.
Ahí si, ahí no
por ser la madre de Dios
Mi señora Carmelita
Virgen trigueña bonita
Se festeja por El Carmen,
se festeja por el Prado
Por las puertas del Cercado se ve
y hasta por la barranquita.
Con estos versos se iniciaba la serenata el 15 de julio de todos los años a la patrona del Criollismo, la Virgen del Carmen. Su autor fue el periodista y abogado, don Armando Guimet de Mendiburo. Hoy la imagen sale de la Iglesia de la Virgen del Carmen, guardándose en el mismo lugar. Pero al menos hasta 1960 no fue así.
Todo ocurría en el inmenso patio que estaba situado al centro de la quinta Carbone en Los Barrios Altos. Ella aparecía justo al iniciarse un bordón en alguna guitarra criolla de las docenas que había. Inmediatamente era colocada en un pedestal, construido expresamente para ese fin. Al compás de la música, los cantantes e instrumentistas iban subiendo a un escenario de madera más o menos de tres por tres metros.
Esta quinta fue construida a inicios del siglo XX, por la familia Carbone, encabezada por don Juan, quien fue el primer alcalde del flamante distrito de La Victoria en 1920. Este era un lugar residencial, no aristocrático, pero muy bien cuidado y ordenado.
Tuve la oportunidad de ver esta celebración por primera vez en 1948; donde sin lugar a dudas, era una fiesta exclusiva para los habitantes de la quinta y los invitados del mayordomo, quien tenía a su cargo la responsabilidad de la elaboración de la víspera y día central.
El 15 de julio empezaba la serenata, la que era interpretada solo por los artistas invitados, por quienes pasaba la fiesta. Luego, la Virgen era vestida, adornada y colocada en su anda, para ser trasladada hacia una de las salidas de la quinta, el jirón Áncash, donde se había preparado un pequeño escenario.
Allí todos los devotos podían rezarle, pedir y agradecer favores a la imagen y los cantantes e instrumentistas del barrio darle su ofrenda musical. De allí se trasladaba hasta las afueras de la Iglesia de la Santísima Virgen del Carmen, ubicada en la intersección del jirón Junín con el jirón Huánuco en los Barrios Altos.
Pero la parada más esperada por los músicos criollos estaba a unas cuantas cuadras del templo y pertenecía a Radio Victoria, donde el escenario era más grande y los máximos exponentes esperaban su turno para dedicarle una sola canción a La Carmelita, pues la lista de famosos era largüísima. Las Criollitas, La Limeñita y Ascoy, Los Trovadores del Perú, Los Embajadores Criollos, Los Cholos, Los Morochucos, Las Limeñitas, entre muchos más hacían fila.
La procesión seguía hasta llegar al Centro Musical Carlos A. Saco, que quedaba en la esquina de los jirones Miró Quesada y Huánuco, en la plaza Buenos Aires.
No tenemos certeza desde cuando empezó esta manifestación de fe de todos los diletantes, cantantes e instrumentistas de la canción criolla, pero sí sabemos que lleva el titulo de "Patrona del Criollismo" pocos años después de 1925. Otro valse que menciona a la Virgen Carmelitana que lleva el nombre de Se va la paloma fue creado en conjunto por César Miró (letra) y Filomeno Ormeño (música).
Se va la Paloma
Vamos a la fiesta del Carmen, negrita,
vamos que se acaba ya la procesión,
vamos a bañarnos en agua bendita
a ver si podemos lograr el perdón.
Estoy en pecado por tu cinturita
y por tus ojazos que son mi obsesión.
Vamos que me tienta tu fresca boquita,
vamos que se acaba ya la procesión.
Tus labios dulces son picarones,
choclitos blancos tus dientes son,
cuando te ríes brotan canciones
que hacen que pierda yo la razón.
Cómo me tienes, negra limeña,
me tienes loco sin curación.
Noche tras noche mi alma te sueña.
¡Ay! que me muero ya de pasión.
Por el campanario la luna se asoma
y es un anticucho ya mi corazón,
se quema el castillo, se va la paloma,
vamos que se acaba ya la procesión.







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